martes, 9 de febrero de 2016

Españoles follando por el mundo I

Inauguramos nueva sección: ESPAÑOLES FOLLANDO POR EL MUNDO. ¿Cansado de ver como otros españolitos van fuera a trabajar y a triunfar de la ostia en países de ensueño con curros extraordinarios? Mejor saber que están por ahí de farra y follando a diestro y siniestro y es que aquí te cuento lo que no sale en la tele. ¡Bienvenidos compatriotas esparcidos por el globo!


* Año nuevo Tailandés, cuando farangs y autóctonos se juntan en las principales ciudades del país y se tiran agua a cascoporro mientras algunos otros te pintan la cara con barro. Mi última noche en Bangok y estaba celebrándolo con unos amigos que había conocido aquel mismo día, todos españoles. Había un chico alto, de largos brazos, manos grandes y bonita sonrisa que necesitaba un sitio donde quedarse a dormir después de la fiesta (era su última noche también en Tailandia) y como yo tenía una habitación ya alquilada en un motel de Kao San Road y soy tan hospitalaria le ofrecí compartirla.

Después de la celebración ya chopados hasta la médula, nos metimos en aquella cama de noventa aquel tiarrón de casi dos metros y servidora a intentar coinciliar el sueño, pero ya se sabe que en una cama tan pequeña... Cuando me quise dar cuenta estaba desnuda encima de aquel hombretón con las rodillas entre sus caderas botando como una pelota de playa. La envergadura de su miembro era acorde con la de su cuerpo, nada que ver con los asiáticos, me rellenaba entera como un pavo y era una gozada sentirla tan prieta. Bombeé todo lo fuerte que pude hasta sacarle el jugo a aquella palmera, nos corrimos con el “dale que te pego” y una vez desfogados pudimos dormir plácidamente. “Buf, mira que he estado con algunas chicas durante el viaje, pero la verdad que como las españolas...” Sinceramente, no era la primera vez que lo escuchaba. ¡¡Bravo por todas aquellas chicas que dejáis el pabellón bien alto!! ¡Un abrazo a todas! ;)


Aquí os dejo con el cuerpazo niñas. Ya sabéis, hay que viajar más
que hay mucho por ver y probar, no solo las vistas de la cuidad ni el plato típico de la región...



lunes, 18 de enero de 2016

El Metrosexual

*Me acordé de esta historia porque descubrí hace poco en la carpeta de “otros” de facebook un mensaje de hace años.

 

Visitando Barcelona había quedado con unos amigos que no veía desde hace mucho tiempo para salir de copeteo. Nos juntamos unos cinco; tres chicas y dos chicos, solo dos de ellos eran amigos míos. Después de las primeras copas por los bares de Gracia fuimos a una discoteca para acabar de rematar la noche, pero a mi lo que remató fue el ambiente, ni un solo tio bueno, yo venía dispuesta a darlo todo con un precioso catalán (hombres mediterráneos como me gustan a mi) pero aquello no pintaba muy bien el mercado estaba escaso de buena mercancía; para qué engañarnos eran todos bastante mayores que yo y poco agraciados.

La noche pasaba y los cubatas iban entrando mientras yo (y todos los demás también) cogíamos un pedo importante. Mi amigo intentó ligarse a una chica y aunque ella le seguía el rollo al principio se veía de lejos que no iban a acabar yéndose juntos. Observando el panorama y en un momento de aburrimiento me puse a hablar con el otro chico que había venido con nosotros el cual no había articulado palabra en toda la noche.

Resulta que era bastante bonico; tenía carita de adolescente, con barbita arreglada de tres días y sonrisa profident. Pequeñito, delgado. Llevaba una camiseta de cuello redondo amplio ajustada y pantalones cortos a la moda del Bershka, era muy gay, seguro que le iban las pollas tanto como a mi.

Empecé a darle conversación diciéndole lo mono que era, que no me habia fijado antes en él que bla bla bla, él se reía con cierto nerviosismo y miraba para todos los lados.

- ¿Esperas a alguien?
- ¿No, por?
- Como miras para todos los lados... ¿Eres gay?
- Jijijiji... no, no lo soy.
- ¿Tienes novia?
- No, tampoco.

Era muy metrosexual para mi gusto pero bueno si él decía que no era gay... aquel era el dato que me faltaba para ponerme a la caza con los colmillos por delante.

Pero la cuestión es que lo tenía acojonadísimo, seguí hablándole de su ropa, que me parecía muy metrosexual, pero que eso no le quitaba encanto, que estaba muy bueno, que iba yo a enseñarle bien lo que era pasar una buena noche, que me lo iba a comer entero, que mira que brazos tienes, que mira que carita...todo salía de mi boca disparado sin dejarle tiempo a reaccionar, él no sabía donde meterse. Sin el filtro de la autocensura y amparada por la sinceridad del alcohol le dije que si se dejaba, me lo iba a follar tan bien que se iba acordar toda su vida, que era una perita en dulce y que yo tenía tanta hambre que me iba a comer hasta el rabo.

- ¿en serio estoy bueno? 
- Buenísmo.

No se lo acababa de creer y eso me ponía aún más. A los hombres también les gustan que les digan cosas bonitas sobre todo si son para llevártelos a la cama. Ya no apartaba la vista como antes, de tanto en tanto miraba alrededor en plan “¿de donde ha salido esta tía?” y me sonreía tímidamente. Yo le susurraba que lo iba a tratar como un rey mientras aprovechaba y le pasaba el dedo por el escote. Seguía tocándolo mientras le decía que era precioso y que se merecía lo mejor, que yo se lo iba a dar. Y no mentía.

A la salida del garito perdimos un poco el tiempo porque mi amigo seguía insistiéndole a la chica así que entre el yogurín y yo la cosa se enfrió. Después de todo lo que le había soltado para intentar llevármelo a la cama ya no me quedaba saliva ni inventiva, “que sea lo que tenga que ser”.

“de la cuidad condal tu eres pero a mi tu no me quieres, para ser de la cuidad condal hay amor me tratas muy mal.. Era una chica muy mona..ah.. que vivía en Barcelona.”

Me senté en una moto a ver como se solucionaba lo de mi amigo porque yo me quedaba en su casa a dormir, y en esos momentos se me acercó el metrosexual y me plató un morreo. Me quedé alucinando. No me lo podía creer. Mi insistencia de camionera había dado resultado y ahora tenía pegado a los morros a aquel chico tan mono, ¡que suerte la mía!

Por fin nos fuimos los tres a casa de mi amigo y éste con gesto incómodo y algo enfurecido (ya que nosotros íbamos a follar y él no) nos tiró una manta en un colchón que había en el suelo. Yo había estado chichándole todo el camino y la verdad que era muy gracioso verlo enfadado. Cuando finalmente estuvimos solos Metrosexual y servidora nos sentamos en el sofá y yo lo miraba divertida. Toda aquella situación me parecía muy cómica.
 

Poniendo mi mano sobre su pierna me acerqué para besarlo y sus labios empezaron a seguir los míos con mucha dulzura, le había dicho que lo iba a tratar como a un rey y eso haría. Me puse sobre su regazo boca arriba mientras nos besábamos y le acariciaba el cuello, el pecho, le decía lo hermoso que era... Poco a poco se iba poniendo duro mientras le tocaba el bulto por encima del pantalón acariciándolo suavemente de arriba abajo. Después metí lentamente la mano por dentro del pantalón rozando su miembro despacio a la vez que le mordisqueaba las orejitas...

Nos desnudamos poco a poco descubriendo ese cuerpo suave y delgado. Me tumbó boca arriba y se bajó a comerme la raja tan ricamente. ¡y yo creía que era gay! Me empezó a lamer los labios de fuera hacia dentro, haciendo círculos con sus morritos, haciendo zetas, emes, equis... ¡todo el abecedario! Aquello era una delicia, sentía un reconfortante placer, acariciaba su pelo mientras me recorría con su boca.


Después nos pusimos frente a frente sentados con nuestras piernas entrelazadas y metiéndomelo dentro recorría todo su pene mientras nuestras nalgas friccionaban con las sábanas, delante atrás, delante atrás, abrazándonos, gimiendo, jadeando, acariciándonos... nuestras partes cubiertas por fluídos resbalaban tanto que ni se notaba el preservativo. Cambiamos y me tumbé encima de él y me lo follé bien despacito primero y subiendo el ritmo después mientras lo miraba a la cara (esta vez no apartaba la mirada) me sonreía divertido y alegre. Alternaba acercamientos lentos y embestidas fuertes, cambiando el ritmo de tanto en tanto. Estaba tan contenta de haber conseguido llevármelo a la cama y estar follando con él que no me lo podía ni creer, y encima nos entendíamos de puta madre. Aquello había sido mucha suerte. Para acabar se puso encima mía y yo le abrí mis piernas para corrernos casi a la vez. Nos miramos una vez más antes de caer dormidos abrazados. A las pocas horas nos despertó la luz del sol que ya llegaba de lejos. Llegó tarde a trabajar pero se fue con una sonrisa de oreja a oreja y yo volví de la cuidad condal bailando la sardana.

sábado, 2 de enero de 2016

Cazadora

Soy cazadora, como Artemisa o Diana.
No en vano me gusta la carne fresca.
Saco todas mis armas para atrapar a cuerpos y almas desnudos.
Reconozco la belleza en todos y cada uno de ellos.

Me gusta la lucha por conseguir la presa que deseo
pero más me gusta la recompensa.
Espero impacientemente la próxima caza
aunque no deje de saborear lo ya conseguido.

Soy impetuosa, cazo con pasión y entrega.
Colecciono las piezas más valiosas en el fondo de mis entrañas,
no me interesa la carne pútrida, no la vuelvo a probar.

A veces vuelvo a cazar donde sé que como bien
otras me arriesgo en terreno desconocido.
Hecho de menos algunos los manjares
a los que sé que ya nunca podré acceder.

El destino me juega a veces malas pasadas,
Pero seguiré cazando por instinto.





domingo, 5 de julio de 2015

Quiero ser una Vieja Verde


Yo lo tengo claro; de mayor quiero ser una vieja verde.
Quiero ser esa clase de abuelas que increpan a los sobirnit@s y niet@s diciéndoles cosas como "¿Que? ¿te han comido el chochete ya o que?"

Quiero ser esa abuela que haga sonrojar a sus propios hijos; "Por favor mamá no cuentes eso de la polla del negro en la boca otra vez" o "ya está de nuevo la abuela con las historias de sus amantes". Sé que van a flipar y a esconder el vino en las comidas familiares. A algunos les pediré que me lean en voz alta algún post de este blog con la excusa que no llevo las gafas encima y de que tienen que mejorar su dicción.
Les daré consejos de como llevarse un hombre a la cama aunque él al principio no lo tenga muy claro, de como evitar a los malos amantes, de como disfrutar de su cuerpo estando acorde con su mente en todo momento y a quererse y a respetarse exigiendo un orgasmo mínimo.

Además, como habré perdido totalmente la vergüenza y respaldándome en una falsa senilidad, acosaré a los novios de mis sobris y nietos diciéndoles lo que se pierden por no haber nacido antes...jo jo jo.

Como decía mi madre: "Sabe más el diablo por viejo que por diablo" a lo que yo añadiría "y si además de viejo ha sido muy diablo, aún sabe más".


Me encanta la cara de esta señora en la foto, está como diciendo; "Mirame bien que me pasa hijito tu que tienes mejor la vista"





martes, 28 de abril de 2015

Follar en sitios raros IV: En el guetto de un nigger

DJ era de Atlanta, el primer y único norteamericano que me he follado hasta la fecha. Curraba por las noches de relaciones en un pub de pachangueo delante de mi trabajo, lo veía muchas veces a la hora de cenar cuando venía a por su comida. El bro era bastante cocky, muy pasota y chuleta, ya me pillais, así vacilón. Moreno de color café tenía cara de macaco made in África, trenzas largas de negrata malote pegadas a la cabeza con dibujos geométricos y le iba, como no, el rollo rapero. Vestía ropa dos tallas más grandes que la suya, camiseta de los yankies o cualquier otro equipo de fútbol norteamericano y pantacas donde cabían dos o tres tipos más. Era un vacilón y yo le vacilaba más si cabe. Cada vez que lo veía le saludaba en plan "How is going Chocolat"? y parecía que no le hacía mucha gracia que le recordara que era negro, me decía que le sonaba despectivo, pero a mi el chocolate me encanta (no sé como lo veréis vosotras) y cuanto más se picaba él, más gracia me hacía a mi.

En un punto indeterminado de aquellos momentos empezó ha hacerme tilín aquel flow que desprendía y empezamos a echarnos miraditas folletiles a través de la barra. Así que una noche que salí pronto del tajo, me pasé por su pub a hecharme unos bailes y a que me invitara a beber algo. El musikeo era de refregarse; bachata, salsa, merengue, ese rollo. Si hubiéramos estado en España el garito hubiera estado lleno de panchitos, pero allí habían erasmus borrachos como una cuba y putillas locales.

El level en el dance floor dejaba mucho que desear, DJ salió de detrás de la barra y con él llegó el rey de la pista, ¡dejen paso loosers



Se le daba bastante bien eso de mover el esqueleto, empezó con su wild style a menearse como una anguila, sin complejos, vacilándome un montón (parecía uno de esos negratas de la MTV) pero yo también tenía mucho swag así que... me até la camisa al pecho (así en plan choni de barrio) y enseñando el ombligo me hice un hueco en la pista. El colega no se lo esperaba y flipó. Estuvimos un buen rato ahí en plan "pelea de gallos" a ritmo electro-latino. Luego llegaron las canciones de bailar restregando paquete y fue entonces cuando nos dimos tregua y empezamos a bailarlas juntos.. una tras otra, mientras él me daba vueltas y más vueltas y más vueltas.... yo movía indómita las caderas por toda la sala. ¡tiembla Shakira!

En las sucesivas noches nos dedicamos a salir de fiesta al más puro gansta style; él gastaba billetes como si fuera un ministro, invitando a copas una detrás de otra y poniéndote otra nueva ronda antes de que pudieras acabarte la primera. Yo bailaba como si fuera sudamericana, con poca ropa y desenfreno, y ambos bebíamos como si tuviéramos tres hígados y millones en el banco. Aún no habíamos follado, pero la cosa era inminente. Una noche de farra se trajo a una amiguita suya de Barcelona y la pava y yo nos hicimos muy buenas amigas. Él no hacía más que invitar e invitar a cervezas, nosotras no hacíamos más que beber y beber, hablar y hablar. Tan bien nos caímos que acabamos mega-borrachas comiéndonos los morros y sobándonos sin piedad en medio de la pista de la disco, delante de toda la peña, discoteca de la que el segurata nos tiró por montar un espectáculo medio-porno. (y eso que no nos pillaron cuando fuimos al baño y ella me levantó la falda por detrás y metió allí su cara para comerme todo el coño...) ;)
Íbamos muy desatabas, todo sea dicho. El colega nos miraba con cara de "WTF?" ni sabía que cojones hacer ni decir, ni nada que hubiera dicho o hecho iba a cambiar la situación. Estábamos pasando de él a saco y yendo a nuestra bola. Nos sobraba el nigger. Tanto fue así que aquella noche desaparecimos juntas dejándolo colgado con los tragos. Luego aparecimos en casa de no-se-quién y aunque perdí la noción de donde estaba gané una amiga.

A pesar de todo y después de esa noche de desenfreno y lesbianismo exhibicionista de vez en cuando Dj y yo seguíamos quedando , yo me había metido entre ceja y ceja follarme a un negro y por mi coño que ese era el que tenía más a tiro. Una noche borrachos como cubas (otra vez para no perder la costumbre) ya no pudimos más y empezamos a magrearnos en el pub, ni le dejé llegar a casa, lo metí en los baños y lo medio violé. Él se medio empalmó, se agarraba con las manos a las paredes para no caerse con semejante pedal que llevábamos encima, y mientras yo intentaba treparlo como una mona a un cocotero. Menudo desastre. Además fue entonces cuando entendí aquello que me decía de que no me creyera el mito ese de que todos lo negros la tienen grande. Este no era el caso.

Para seguir con las bizarradas la vez que me pudo llevar a su casa (compartía piso con varios colegas y nunca solía estar solo en casa) me llevó a un cuchitri que ni en el mismímo Bronx. Con decir que yo creía que era un edificio abandonado visto desde fuera...

La entrada del patio era como las casas de los gitanos de mi barrio; paredes desconchadas, basura y mierda por las esquinas de a saber qué, pintadas por doquier, olor a cerrao y a humedad...(¡faltaban las jeringuillas para hacerme sentir como en casa!) me resultaba increíble que viviera ahí nadie teniendo trabajo digno. Subí las escaleras intentado no tocar las paredes, llegamos a su casa y la puerta de entrada estaba reventada, entramos y habían más colegas en aquel piso-patera. Aquello parecía una merienda de negros, y yo el plato especial de la casa, a domicilio y recién calentito. Había ropa y trastos esparcidos por ahí y gente fumando "apaleao", aquello era un guetto con todas las de la ley. En aquella kelly parece que solo había una habita (que en aquellos momentos estaba desalojada) y las camas estaba separadas por sábanas que hacían de cortinas, todo muy decadente, todo muy true.
Echamos otro mal polvo rápido mientras yo intentaba recordar por donde se salía just in case.

A pesar de ello volvimos a quedar alguna que otra vez,  pero él solo hablaba de gilipolleces como que quería tener un hijo con una china para ver que salía de la mezcla de él y una asiática. (Yo no quería ni imaginármelo) y las ganas de follar como que se esfumaron. En retrospectiva, era un tipo bastante gilipollas. Así que al poco me cansé de su rollito y pasé de él, no sin antes tener una conversación etílica y un asalto en plena madrugada donde él me intentaba convencer de no se qué y yo le decía que pasara de mi cara. Talking to my hand!!



jueves, 12 de marzo de 2015

El Calienta -Bragas. Parte II


El tiempo pasó y el Calienta-Bragas, que había mantenido un affaire con la Come-Babas (un asco todo) reveló su verdadera naturaleza, empezó a pasar de ella para ir a ofrecerse a follar a cualquiera. Y como la venganza es un plato que se sirve frío... pues aproveché la situación. Por fin pude devolvérsela a la Come-Babas (esta y las otras juntas) Sabía que aquel golfo no iba a durar mucho con ella, que además se había encoñado de él (y no la culpo, la verdad) y entonces se presentó mi oportunidad.
Rapt d'Hylas par les nymphes - Pal Massimo
En una de las últimas noches de verano que íbamos a pasar juntos los colegas aquel año hubo una gran fiesta por todo lo alto, eran ya las tantas de la madrugada y recuerdo la escena perfectamente; a mí me estaba comiendo la oreja un madrileño que me intentaba convencer tristemente para que me fuera con él a follar. Le faltaban tablas y labia al chaval, era una cara bonita pero más soso que un pan sin levadura. Mientras yo lo rechazaba observaba de lejos otra escena. El Calienta-Bragas se estaba intentando quitar de encima a su vez a la Come-Babas que también lo intentaba convencer a él para irse juntos a casita, pero él le daba largas y me miraba a mí de reojo. Calienta y yo estábamos pensando en la misma cosa, esa noche íbamos a follarnos entre nosotros. Nuestras miradas se cruzaban varias veces atrayéndose y entonces ambos nos hicimos una mirada definitiva y deshaciéndonos de nuestros acosadores individuales, nos fuimos por fin juntos a su casa. Iba a arder Troya, y Roma y París si hacía falta. Me abrasaba en las entrañas aquel resquemor, la perspectiva de poder por fin llevármelo al catre, aquel deseo de empotrármelo contra la pared, aquel fuego apagado por las circunstancias. Quería el reconocimiento a tanto esfuerzo cosechado, a tanto desprecio, quería mi premio y mi venganza, me la había ganado por derecho propio. Lo quería a él, su mente y su cuerpo, aunque solo fuera por una noche.


Entramos a su cuarto y lo más excitante de todo no es que por fin fuera a follar con el objeto de mis más oscuros deseos, no, lo mejor era el morbo implícito que tenía la situación porque (¡oh, casualidades de la vida!) resultaba que la Come-Babas tenía su habitación justo encima de la de él y con aquellas paredes de papel iba a poder oírme gemir bien a gusto y en estéreo. ¡Dios existe/Viva el Karma!
Para empezar pusimos un poco de música reggae y se lió un fly. Mientras fumaba sentado frente al ordenador yo me subí encima suyo de espaldas a él e iba mirando la lista de canciones. Entonces empezó a magrearme los pechos suavemente y besarme por todo el cuello hacia los hombros... por mi espalda corría un torrente eléctrico que me bajaba por la nuca y fue entonces cuando me giré cara a él y empezamos a besarnos... ¡y como besaba el jodío! Era un experto con los labios, le quite la camiseta y asomó ese cuerpazo bronceado, él me quitó la mía y se aferró a mis pechos con su boca y sus manos, me manoseaba toda, yo lo sobaba todo, sus manos recorrían todas las curvas de mi cuerpo, eran delicado y ardiente a la vez, éste sabía lo que se hacía, había follado mucho y se notaba, grandísimo hijo de puta, ¡cómo me ponía! Nos desnudamos el uno al otro sin dejar de magrear nuestros cuerpo con las manos, la boca y la lengua del otro, nos entendimos de puta madre, por fin lo tenía a mi alcance, había valido la pena esperar. Era un puto dios desnudo y yo era su diosa. Su polla era perfecta; ni muy grande ni muy pequeña, recta, larga, gruesa, me la metí en la boca poco a poco saboreando centímetro a centímetro su fruta prohibida, era dulce y sabrosa, me hubiera quedado años chupándole la polla. Entonces me agarró y me subió a la cabecera de su cama y teniendo su cara bajo mi sexo empezó a comerme el coño como los mismísimos ángeles caídos, con fuego y dulzura, con ímpetu y cariño. Yo me corría del gusto sentada en su cara apoyando mis manos en la pared mientras mi espalda se curvaba, gemía del placer como una perra en celo y gritaba como si estuviera en una matanza de cerdos, aquello era lo más, una sensación indescriptible... quería correrme más y más.
Después se puso encima mía y por fin metió su polla dentro de mí, ¡estaba tan ansiosa! Aquello era el puto paraíso, nos entendimos a la primera perfectamente, contoneaba las caderas y me penetraba con un ritmo perfecto, se notaba que era un follador nato, se le daba muy bien, maldito bastardo, se movía con una avidez y soltura que en otra época hubiera podido ser el puto Genghis Khan*.


Nos quedamos follando lo que quedaba de noche y volvimos a repetir a la mañana siguiente. Mis aullídos volvieron a resonar por toda la casa, era un gozo que no quería que acabara nunca. Nos compenetramos tan bien que me recordó a uno de mis novios; tenían el tipo muy parecido (incluyendo la tobillera de macramé) y follaban igual de bien. Fue pura pasión y deseo pero a la vez me lo hizo con tanto cariño y atención que aquello era follarme la mente también. Sabía que no podría quitármelo de la cabeza tan fácilmente. Demasiado bueno para durar. A la hora de la despedida volví a la amarga y triste realidad. No volvería a probar aquel sabor nunca más, no volvería a follar con semejante cuerpazo, no volvería a oler a ese macho cabrío que destilaba puro sexo por los poros. Por fín había obtenido mi venganza sí, pero el sabor era agridulce.




*Genghis Khan. Folló a diestro y siniestro y dejó su adn esparcido por toda Asia.

lunes, 23 de febrero de 2015

El Calienta-Bragas. Parte I

Era la nueva temporada en el curro de verano, él llegó como fruta fresca a trabajar en un puesto al lado del mío y todos los días hablábamos un poco, bromeábamos y tonteábamos, yo iba a saco, él me seguía el rollo y se dejaba seducir, a mí me poseía la rabalera que llevo dentro y le soltaba una sarta de comentarios que harían sonrojar al mismísimo Marqués de Sade.

Aquel chico me ponía mucho, muchísimo. Era un niñato, eso se le veía a lenguas, era el típico jipi-modernillo que viajaba por Asia y Sudamérica en busca de cocoteros mientras tocaba el didgeridoo. Era bastante guapo; moreno, con una media melena hasta los hombros, unas pocas rastas colgando entre los mechones de su pelo, una tobillera de macramé y un cuerpazo esculpido a base de yoga, comida sana y equilibrismos varios. Era todo lo que un alma aventurera podría desear. Además tenía una bonita sonrisa y los ojos se le achinaban graciosamente cuando reía a carcajadas. Recuerdo que ya lo fiché nada más verlo; estaba yo en el césped del parque con mis amigos los jipis a los que yo llamaba cariñosamente “la banda trapera del lago” y él era el recién llegado, en un momento dado se puso a hacer volteretas y en una de esas su camiseta se bajó y dejó entrever aquel cuerpazo serrano. Iba marcadito el niño, iba provocando. Para completar el pack del perroflaútico, era fumeta, le molaba el rap, el reggae, el drum & bass y llevaba gorra para atrás. Aunque su estilo de “rey del flow” me daba un poco de grima, definitivamente concreté que este niñato me ponía más que el peyote. Pero tenía un problema. Era gilipollas, pero gilipollas-gilipollas. Iba de free soul pero si podía te la intentaba colar con un rollo de chulo-bohemio que ni él se aguantaba, pero a mí me parecía gracioso, que se le va a hacer...



Al trabajar con él codo con codo, tenía la gran suerte de verlo todos los días. El mono de vendedor le apretaba el culito y aquellas posaderas parecían una manzana madura a la que daban ganas de pegarle un buen bocado. En las idas y venidas a lo largo del día me cercioraba de que nuestros caminos se cruzasen, yo atacaba a la yugular, sin miramiento, sacando toda la artillería pesada, haciéndole la pesca y arrastre, follándomelo en cada frase, violándolo con la mirada... él me seguía las coñas y se partía la caja con mis ocurrencias (no era para menos, estaba yo en plan “festival del humor”), yo le alegraba los oídos y él a mí la vista. Era un toma y daca. Pero para mí no era suficiente, yo quería más, más, ¡MÁS! quería ver como esas posaderas me cabalgaban como una jamelga mientras yo las agarraba con ambas manos.

Por fin se presentó la oportunidad de recoger los frutos de tanta siembra y esfuerzo que me había costado tal placaje de cortejo. En una fiesta a la que fuimos toda la cuadrilla a pasarlo guay, todos muy ebrios, desde el primer momento él y yo estábamos enganchados el uno con el otro soltando chorradas y gilipolleces varias. Yo me inventaba las mil y una ocurrencias para llevármelo a la cama ya no sabía que más decirle para follármelo, le había dicho de todo en todos los idiomas posibles, estaba sacando ya los tanques y bombardeando con cazas ¿qué coño más le tenía que decir para tirármelo? A veces yo me piraba pasando de su cara porque no veía resultados a tanto gasto de saliva e insinuaciones y era entonces cuando él venía a por más y juguetón me tocaba la barbilla mientras me decía que tenía más peligro que una caja de bombas (dime algo que no sepa, moreno). Acabando ya la noche pensaba que lo tenía a punto de caramelo y el muy hijo de la grandísima puta me dio calabazas con una excusa barata. Lo hubiera matado. Toda la noche calentándome las bragas para dejarme ir a pajeárme sola a casa. ¿De qué coño iba?

Pero lo que él no sabía era que, además, me había jodido por partida doble. Resulta que trabajar en ese sitio la temporada de verano era muy fructífero, y cada cierto tiempo también se pasaba por mi puesto un italiano de enormes ojos azules y calvo como una bombilla, que casualmente era el hermano mayor del Efebo Egipcio (juro que todos los hermanos de esa familia están para violarlos todos) con el que tonteaba a veces también y al que le comenté el garito donde íbamos a ir todos después del trabajo. Así que el italiano se presentó esa misma noche buscando carnaza, pero como yo creía tenerlo hecho con el “calienta-bragas” (tonta de mi) pues no le di ni bola al espagueti y acabó comiéndose la boca con otra tía (italiana también, muy maja por cierto)

Así que de tener a dos posibles machos para la cópula me quedé en cero patatero. Eso me pasa por avariciosa.

Para joderme más la marrana (y hacer triplete de desgracias) el fin de semana siguiente encontré al Calienta-Bragas comiéndole la boca a la tía que más aborrecía por aquella época. La Come-Babas. Mira que no me suele caer mal casi nadie, pero es que a esa pava no la tragaba. Joder. ¿No habían más mujeres por los alrededores que tenía que liarse con mi archienemiga? La Come-Babas era una pava que ya me la había jugado un par de veces, tenía los mismos gustos que yo para los hombres, la muy zorra, y también tenía la manía de comerse mis babas; le tiraba cacho a quien a mí me gustaba, se trincaba al que yo le había puesto el ojo (y el coño) encima. Ese era su deporte, no sé qué cojones le pasaba conmigo a esa tía. Así que podéis imaginaros mi reacción cuando vi al objeto de mis más profundas corridas en los morros de una tiparraca como esa. Fue como una patada en el coño.

Salí con cara de asco-pena del garito y me juré no volver a acercarme a semejante bicho que me chuleaba y luego se iba con la zarrapastrosa de la loca aquella. El calienta-coños se había acabado para mí. Al menos en apariencia. Porque no podía evitar desearlo y odiarlo en secreto.